miércoles, 20 de marzo de 2013

Vida en la ciudad Los pobladores y sus actividades

A partir de la creación del Virreinato en 1776, se produjeron cambios en la vida de la población de Buenos Aires. Los censos de la época muestran un importante aumento del número de pobladores de las diferentes etnias. La población blanca se incrementó producto de la inmigración de catalanes, vascos y gallegos que, hacia mediados del siglo XVIII, llegaron atraídos por el incentivo de hacer fortuna, que no tardaron en consolidar, conformando un sector mercantil que ocupó un lugar de privilegio en la sociedad rioplatense. Aunque procedieran de las capas más humildes, al pisar tierra americana, estos españoles se consideraban con derecho de mando y jerarquía superior. La ciudad crecía y con ella la necesidad de crear nuevas instituciones administrativas, cuyo manejo recayó también en manos de este sector de la población. Así, los funcionarios y los comerciantes pasaron a ocupar el primer rango dentro de la escala social. Junto a ellos se encontraban los integrantes del alto clero, de origen español. La Iglesia Católica tenía una gran influencia en el desarrollo de la vida cotidiana de la sociedad colonial. En los últimos tiempos, del virreinato algunos criollos comenzaron a ocupar cargos públicos y también a tratar de influir en la vida comercial. El abanico social se completaba con los esclavos negros, que habían sido traídos de África, aunque las normas prohibían utilizar puertos no habilitados –como el de Buenos Aires- para el comercio de esta “mercancía humana” pero, su introducción al Río de la Plata se efectuaba a través del contrabando, incluso con la connivencia de las autoridades. Eran esclavos ellos y sus hijos, pues seguían la condición de sus padres. Los esclavos podían dejar de serlo cuando sus dueños los ponían en libertad mediante una declaración formal o por testamento. Hacia finales del siglo XVIII, se autorizó a los esclavos a comprar su propia libertad. Los esclavos podían casarse libremente y se procuraba mantener unidas a las familias. Los dueños de los éstos exigían obediencia y se apropiaban de todo aquello cuanto produjesen. Los amos tenían el derecho de castigarlos moderadamente y estaban obligados a instruirlos en la religión, a alimentarlos y vestirlos y a dejarles dos horas diarias libres para que trabajaran en su propio beneficio. Muchos esclavos se dedicaban a tareas domésticas y convivieron con los blancos en una situación de relativa familiaridad; fueron artesanos dedicados a múltiples oficios; trabajaron en las estancias. Los negros, libres y esclavos pudieron organizar sus propias cofradías, fiestas y candombes, tratando de conservar su pertenencia étnica. En cuanto a la población indígena, el derecho indiano los consideraba personas “miserables”, necesitadas de protección por su incultura, les imponía muchas restricciones a su libertad y los subordinaba a los españoles. Al convertirse al cristianismo, se procuraba que el indio eligiera una sola mujer para que organizara una familia estable. Los indios no tenían libertad de locomoción, sólo podían abandonar sus pueblos para concurrir por turno a trabajar a las ciudades. Las leyes prohibían venderles armas y vino, realizar bailes sin licencia de las autoridades y que anduvieran a caballos; pero estas normas no siempre se cumplieron. Las leyes que tutelaban a los indígenas se extendían incluso a regular los contratos de trabajo y los salarios que debían percibir por ellos. Algunos aborígenes vivían en las cercanías de la ciudad y eran contratados por los habitantes de la ciudad para realizar trabajos diversos, es decir, estaban en contacto con la población blanca. Otros, los llamados “infieles”, vivían fuera de los territorios ocupados por los españoles; algunos de ellos mantenían contactos eventuales con los blancos y otros, resistieron la dominación de aquellos. Los blancos tuvieron que organizar sistemas ofensivos y defensivos para repeler su avance. Los casamientos entre indígenas y blancos estaban autorizados aunque estas uniones eran consideradas ilegítimas. La india casada pertenecía al pueblo de su marido. Los hijos de estas uniones, los mestizos, fueron conocidos a principios del siglo XIX con el nombre de gauchos. Poco a poco, los gauchos irían forjando sus costumbres, su idioma, sus normas sociales. Llevaron adelante una vida errante, jaqueados por leyes severas y autoridades arbitrarias, se abastecían del ganado cimarrón que vagaba por la pampa. Cuando las tierras fueron repartidas en estancias, muchos gauchos se incorporaron al trabajo como peones; otros se mantuvieron sin ocupación estable fueron perseguidos por las autoridades como hombres al margen de la ley.--dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires - Dirección de Producción de Contenidos

Vida en la ciudad El Cabildo, base local de la organización política

La ciudad era el centro político, social y económico. Fue a la vez: fortaleza, mercado, centro cultural y religioso, sede del gobierno y núcleo desde donde partía la expansión militar, religiosa y económica. El cabildo era el organismo político que tenía jurisdicción sobre los asuntos de la ciudad y de la región aledaña. Al erigirse una ciudad, correspondía a su fundador designar los primeros integrantes del cabildo. Posteriormente, los miembros salientes procedían a elegir a sus sucesores. Duraban un año en sus funciones y su mandato finalizaba el 31 de diciembre de cada año. Hacia mediados del siglo XVII y con la finalidad de aumentar los ingresos fiscales, se inició la venta de los puestos concejiles al mejor postor. Los únicos cargos que no se vendieron fueron los de alcalde, cuya función era la aplicación de justicia. Así, los vecinos más acaudalados tenían preeminencia para ocupar los cargos concejiles y se iban turnando en el manejo de los asuntos locales. Fueron sólo los “vecinos” los que tuvieron posibilidad de ser parte del gobierno local. El cabildo fue transformándose así, en el baluarte de los sectores más acomodados de la sociedad. Los integrantes del cabildo componían un organismo colegiado, pero cada uno de sus integrantes desempeñaba actividades específicas. Se ocupaban de la administración de la justicia en primera instancia; en asuntos de menor cuantía, tanto en lo civil como en lo criminal; tenían funciones de policía; vigilaban la exactitud de las pesas y medidas empleadas por los comerciantes; realizaban la inspección de los mercados, el abasto de la ciudad, el control de precios de los productos; velaban por la seguridad y la salud de los habitantes. Sostenían sus actividades a través de dos tipos de recursos: los propios, originados en la venta o el arriendo de bienes pertenecientes al cabildo y los arbitrios; y los impuestos extraordinarios que cobraban a los habitantes de su jurisdicción. Cuando se producía alguna situación excepcional, los integrantes del cabildo podían convocar un cabildo abierto, invitando a “la parte principal y más sana de la población” con la finalidad de discutir y resolver los asuntos planteados. El llamado a otros integrantes de la población tenía como objeto el asegurarse un mayor respaldo en las decisiones adoptadas ante circunstancias de magnitud, dando así la sensación de que se procedía por el concurso de la voluntad colectiva. ¿Quiénes podían ser invitados a participar de los cabildos abiertos? Los “vecinos”. El derecho de vecindad era un estado social respetable. Se obtenía siendo domiciliado en la ciudad, jefe de familia y propietario urbano. Luego, a estas condiciones, se agregaron el poseer caballos y armas debido a que el vecino estaba obligado a prestar servicio en la milicia. Para desempeñar los oficios concejiles, no podían ser elegidas personas que no fueran vecinos. Al amparo de estas normas, los principales vecinos mantuvieron mediante el ejercicio de los cargos concejiles un imperio considerable sobre el resto de la población. Además de los vecinos, a los cabildos abiertos, podían concurrir altos funcionarios, sacerdotes y mandos militares.-----------------------dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires - Dirección de Producción de Contenidos

Vida en la ciudad Las viviendas coloniales y sus habitantes

En sus comienzos, Buenos Aires era una aldea en la frontera, en el “desierto” y en ese contexto sin piedra, sin madera, sin fuertes desniveles que incidieran en la concepción espacial del trazado de la villa, se generó en sus orígenes, una arquitectura simple, con materiales provenientes del entorno próximo, muy etéreos y transitorios. A partir de la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776, Buenos Aires sería su capital. El sistema de monopolio comercial que mantuvo a esta capital fuera del circuito comercial directo con la metrópoli, fue modificado desde 1778, ya que el Reglamento de Libre Comercio, autorizó el comercio directo entre puertos ibéricos y americanos. Como consecuencia, el puerto de Buenos Aires abrió sus puertas para la entrada de productos provenientes de España y para la salida de las producciones locales. Esta situación permitió que llegaran con mayor fluidez mercaderías que hacían a la vida diaria. Se importaron materiales de construcción, ladrillos, azulejos, maderas, rejas, brea, herrajes, losetas de mármol, todos los insumos en distintas calidades, que puso en evidencia los diferentes poderes adquisitivos, destinos de uso y también un refinamiento en el gusto de la sociedad. Ya no sólo se privilegiaba el uso, sino que comenzó a manifestarse la calidad como un elemento significativo de los objetos utilizados en la construcción. Los materiales de construcción utilizados provenían de diferentes países europeos. Cada grupo étnico aportó al pensamiento y el conjunto de normas y valores que enriquecen y conforman la cultura urbana. Los procesos económicos originados en la apertura comercial desde 1778, generaron una mayor complejidad en la dinámica económica que permitió cierta movilidad social y la demanda de mejores niveles de vida. Las áreas marginales y la barranca del río, áreas no consolidadas, acogieron a los sectores pobres de la población. Allí, esos sectores construyeron precarias viviendas que sólo cumplían el rol de protección. Los estamentos medios de la población y la masa inmigrante —de origen español, en general— demandó casa habitación con un nivel de calidad y espacios fluctuante entre el rancho de los estamentos más bajos y la casa del patriciado; esta necesidad fue satisfecha por la aparición de la construcción de tipo especulativo. La iglesia y los sectores de comerciantes acomodados invirtieron en edificaciones con criterio rentístico. Para ello, sacrificaron incluso parte de sus propias residencias, con el objetivo de alquilar habitaciones. El tipo de vivienda, los materiales utilizados en su construcción, la ornamentación, los usos asignados a las piezas, los espacios de lo privado y lo social, era expresión de la necesidad de protección y la acumulación de capital, inversión y demostración del "status social". Al interior de la vivienda, la vida transcurría con una fuerte separación por género; había un ámbito para las mujeres y otro más íntimo para los hombres. El propietario recibía visitas de personas que no participaban de su intimidad. Éstas eran atendidas en el zaguán y desde allí, pasaban -sin trasponer la puerta principal- al primer cuarto totalmente aislado de la casa. Trasponiendo el zaguán, las habitaciones que daban al primer patio eran utilizadas por los dueños de casa. Una puerta, un pasillo dividía ese mundo del de la servidumbre. Allí se encontraban la cocina, despensa, el baño y las habitaciones secundarias. Vista de Buenos Aires en 1790. Grabado del libro Viaje por la América Meridional de Félix de Azara La vivienda porteña según la descripción de un viajero inglés Llegué a la casa que me habían recomendado alquilar. Desde afuera sólo se veía la fachada de ladrillo o yeso, en el centro una puerta muy alta que estaba flanqueada por dos ventanas a cada lado. La puerta y las ventanas tenían en su parte superior guardas ornamentales. La puerta se hallaba resaltada por dos falsas columnas y a través de ella se entraba al zaguán, un pasillo que daba a la puerta cancel por la que se entraba a un patio embaldosado, solamente los conocidos traspasaban esa puerta. En el zaguán había una tercera puerta que daba a una sala, donde el dueño de casa recibía a las personas que no eran de la intimidad de la familia para tratar asuntos de negocios, cuestiones políticas o de cualquier otra índole. El patio era, por lo general, cuadrado y tenía en el centro un aljibe o una fuente, muy alegre y perfumado por magnolias, limoneros y jazmines. Alrededor de él se encontraban los dormitorios y la sala, centro de la vida familiar. Alejadas del resto de la casa y separadas del edificio principal se hallaban el baño y la cocina. Su desvinculación con el resto de la casa se debía a razones de higiene, por la ausencia de una red de saneamiento y por los humos generados en la cocina, donde se utilizaba un brasero. Por razones prácticas, la posición de la cocina condicionaba la ubicación del comedor, que se ubicaba en una de las habitaciones cercanas al fondo pero con vista al patio central. Luego de la cocina y el baño y mucho más al fondo aún, se encontraban las habitaciones de la servidumbre, la huerta y el gallinero. Las ventanas que daban a la calle eran muy bajas y llegaban en su parte inferior casi a tocar el suelo. Las porteñas se sentaban en los alféizares para observar a los transeúntes y recibir los saludos de los amigos de los cuales las separaban fuertes barrotes de hierro que aseguraban las ventanas pero, además, servían de sostén a guirnaldas de hermosas plantas. En la sala que daba a la calle, las señoras tenían un espacio reservado exclusivamente para ellas, con muebles pequeños donde apoyaban los materiales que utilizaban para sus labores. Mientras una mulata les cebaba mate, ellas cosían y bordaban, practicaban canto y conversaban sobre los vestidos que usarían para ir al teatro o a misa. En las pocas ocasiones que las señoras salían de la casa eran acompañadas por una esclava o por un hombre de la casa. Las jóvenes obedecían a su padre en todo y sólo cuando se casaban se alejaban del hogar paterno. El padre elegía a los novios de sus hijas teniendo en cuenta que tuviera una buena posición económica y que fuera de buena familia. También las azoteas eran un lugar de reunión, sobre todo, para aquellos que no deseaban oír el bullicio de la calle y en tiempos de las invasiones inglesas, desde allí los porteños arrojaron agua hirviendo a nuestro ejército, ocasionando muchísimas bajas. Los pisos eran de baldosas de ladrillo rojo bien brillante, algunas veces, con dibujos. Los tirantes de los techos eran de madera de urunday o de palmera y casi nunca se cubrían con un cielo raso. Las paredes lucían coloridos papeles de las fábricas de París y las habitaciones, hermosos muebles europeos. En invierno calentaban sus frías y húmedas habitaciones por medio de braseros, a riesgo de sofocar a los que estuviesen dentro con el tufo y el humo del carbón; algunas familias que visité tenían estufas inglesas con chimeneas. En construcciones nuevas se habían introducido pisos altos. Así que, en la planta baja había comercios o almacenes de depósito y en la planta alta residían las familias. Aunque sabía que la ciudad contaba con dos hoteles ingleses y aunque el precio que me habían pedido por el alquiler era elevado, preferí la privacidad y acepté hospedarme en esta casa. Adaptación de Woodbine Parish, Buenos Aires y las provincias del Río de la Plata desde su descubrimiento y conquista por los españoles. Buenos Aires: Hachette, 1958 y D’ Orbigny, Alcides, Viajes a la América Meridional, Buenos Aires: Futuro, 1945. -----Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires - Dirección de Producción de Contenidos

Descripción del Buenos Aires colonial

Desde el río, la ciudad era una larga línea de casas bajas, de irregular construcción con un viejo fuerte en el centro. Al llegar al fuerte —donde actualmente se ubica la Casa Rosada—, que incluía un edificio grande, antes residencia de los virreyes y ocupado luego por el presidente de la Primera Junta, se hallaba frente a él una amplia y hermosa plaza dividida por una Recova, una galería en la que se podían encontrar pequeños comercios. El sector de la plaza ubicado entre el Cabildo, la Recova y la Catedral se utilizaba como Mercado, allí se instalaban diariamente los vendedores ambulantes que llegaban a la ciudad. Al otro lado de la plaza se encontraba el edificio del Cabildo. Alrededor de la plaza, sobre la calle Rivadavia se encontraba el edificio de la Catedral y, frente a ella, sobre la calle Hipólito Yrigoyen, había casas de dos pisos. La gente que estaba en buena condición económica vivía cerca de la plaza, con preferencia, del lado sur. Casi los únicos edificios importantes eran las iglesias. No había universidad, pero sí un colegio secundario: el San Carlos, ubicado en las actuales calles Bolívar y Alsina. Había dos grandes cafés que, a falta de diarios, eran el centro de las noticias: el de Catalanes, esquina San Martín y Juan Domingo Perón y el de Mallcos, esquina Bolívar y Alsina. La mejor fonda era la de los Tres Reyes, cerca del fuerte en la calle 25 de Mayo y Rivadavia. El único y pequeño teatro, llamado La Ranchería, estaba en Reconquista y Juan Domingo Perón, frente a la iglesia de la Merced. El cuartel principal era el de Infantería de Buenos Aires, en la esquina de Perú y Alsina. En cuanto a los hospitales, los padres betlehemitas (llamados barbones, por usar barba entera) tenían uno en la manzana comprendida por las calles Defensa, México, Chile y Paseo Colón. Tres eran los mataderos en las actuales Plaza Constitución, Plaza Once (llamado Miserere) y Recoleta. Al norte de la ciudad, y separada de ésta por el zanjón de Matorras, estaba el Retiro, terreno irregular, circundado por quintas, que tenía en el centro la plaza de toros y, casi sobre el río, se encontraba el arsenal.

Vida en la ciudad

Organización espacial La fundación de una ciudad no constituía un accidente histórico o un mero formulismo. Tal acto comprendía la creación de un centro urbano con sus propias atribuciones y jurisdicciones y dispuesto a organizar su vida política. Las ciudades coloniales americanas tenían una organización espacial que fue regulada por la Legislación Indiana a través de las Ordenanzas. Éstas aconsejaban que las ciudades fueran fundadas en sitios elevados, donde pudieran encontrarse condiciones saludables, suelo fértil, abundancia de tierras para la agricultura y el pastoreo, madera para combustible y construcción, materias primas y pertrechos, agua potable, habitantes nativos y un ambiente agradable. Además, establecían el tamaño y la localización de la plaza central y de qué manera se debían trazar las calles de la ciudad. También se reglamentaba cuál era la ubicación de los principales edificios de la ciudad: el palacio virreinal, el ayuntamiento, la aduana, el arsenal, los hospitales, y las iglesias, y hasta la recova para la venta de mercaderías. Las Ordenanzas de población establecían las normas y los procedimientos de urbanización, determinaban el modo en que debían distribuirse entre los primeros colonos los terrenos para la construcción de viviendas y cómo se asignarían las tierras comunes. Los terrenos para la construcción de mataderos, pescaderías, curtiembres y otras actividades productoras de suciedad debían ubicarse en sitios donde los residuos pudieran ser fácilmente retirados. La plaza, en toda ciudad colonial americana, era un centro de animación; allí, había que dirigirse todos los días para estar bien informado de lo que ocurría. Las ciudades fueron la piedra angular para el avance hacia los nuevos territorios durante la etapa de conquista y luego durante el proceso de colonización. Se consolidó así, una estructura económica, social y política centrípeta, con foco en la plaza, que resume la vida de la colonia y constituye el epicentro del acaecer histórico.

Escenario

Europa La forma de gobierno característica en la Europa del siglo XVIII -con excepción de Inglaterra y Holanda- fue la monarquía absoluta. El rey consideraba que su poder era de origen divino y, por tanto, ilimitado, ya que sólo debía responder ante Dios. Los monarcas absolutos concentraban en sus manos el poder legislativo, ejecutivo y judicial, mandaban sobre el ejército y todas las instituciones del Estado. El Estado en su conjunto, incluyendo sus habitantes-súbditos, eran considerados propiedad personal del rey. Las sociedades del Antiguo Régimen tenían una población caracterizada por la desigualdad legal entre los diferentes estamentos sociales. Se distinguían tres grupos: - la nobleza y el alto clero: eran los dos primeros grupos. Dueños de grandes riquezas producto de las rentas de la tierra y del pago del diezmo por parte de los fieles. Tenían exenciones fiscales, eran juzgados según leyes distintas a las del resto de la población y ocupaban los cargos más importantes en el ejército, la iglesia y el gobierno. - el tercer estado: era un grupo compuesto desde comerciantes ricos y banqueros, hasta los más humildes campesinos. Constituían el 90% de la población. El pago de sus impuestos hacía posible el sostenimiento del reino. Los más pobres eran campesinos, que debían soportar frecuentes crisis de subsistencia –escasez de alimentos, alza de precios, hambre-. A fines del siglo XVIII, el reino de Francia se encontraba en plena crisis económica: las arcas del tesoro estaban casi vacías y los campesinos y artesanos se hallaban hundidos en la miseria como consecuencia de los impuestos que recaían sobre ellos, y de varios años consecutivos de malas cosechas. Mientras los integrantes de la Iglesia y de la aristocracia no tenían más preocupación que disfrutar de lujos y diversiones; la burguesía, juntamente con los campesinos, el proletariado urbano y los siervos, carecían de poder de decisión y pagaban los mayores impuestos. La burguesía quería participar del poder político, expulsar a la nobleza del gobierno y terminar con el absolutismo del régimen francés, estableciendo un sistema de libertades. Luis XVI, en un intento de sacar al Estado de la ruina, decidió hacer pagar impuestos a los aristócratas. Los nobles, que hasta entonces habían sido defensores de la monarquía absoluta, exigieron que el rey convocara a los Estados Generales -asambleas de origen medieval que no se reunían desde hacía siglos y que, según la nobleza, era la única institución que podía exigir nuevos impuestos-. Apenas se reunieron los Estados Generales -donde el tercer estado estaba representado-, los burgueses de París acompañados por otros miembros del tercer estado, provocaron una serie de manifestaciones callejeras que asustaron al rey y lo obligaron a acceder a los deseos de este sector. La más importante de las cuales terminó con el asalto a la Bastilla, el 14 de julio de 1789. Los Estados Generales prontamente se transformaron en una Asamblea Constituyente controlada por la burguesía. Esta Asamblea suprimió los privilegios de la nobleza, acabó con el absolutismo, instauró la monarquía constitucional y, más adelante, estableció un régimen republicano. Decretó que el poder residía en el pueblo y proclamó las libertades políticas. En resumen, triunfante la revolución, la clase dominante en Francia ya no era la aristocracia sino la burguesía. La revolución tuvo que enfrentar problemas internos -de los distintos partidos políticos que habían nacido a su amparo y grandes conflictos externos, ya que las monarquías absolutas vecinas veían en Francia un enemigo mortal, porque era una república y pretendía extender por todo el continente los ideales revolucionarios. En poco tiempo, y ayudada por la ambición de un joven general llamado Napoleón Bonaparte, que fue coronado emperador en 1804, Francia se convirtió en la nación más poderosa del continente. Estados y monarquías cayeron bajo las armas francesas, dando paso a regímenes políticos satélites de París. La economía del llamado Antiguo Régimen era de base agraria, caracterizada por una agricultura de escasa productividad dirigida a satisfacer la necesidad alimentaria de la población y no estuvo destinada a la comercialización. Gran Bretaña, sin embargo, comenzó a producir en grandes proporciones. Esto fue posible gracias a la concurrencia de los siguientes factores: - la existencia desde el siglo XVII de una monarquía liberal, en la que los poderes del monarca estaban acotados por la existencia de un parlamento elegido por votación y por una Constitución cuyas disposiciones legales se encontraban por encima del poder real; a diferencia de la monarquía absoluta en la cual el rey disponía de todos los poderes y ningún organismo limitaba su autoridad. - La insularidad actuó como una barrera de protección, a la que se unía el desarrollo de una poderosa flota de guerra que mantuvo su hegemonía mundial durante los siglos XVIII y XIX. - La existencia de una moneda estable y un sistema bancario organizado. El Banco de Inglaterra fue creado en 1694, estas condiciones no se dieron en otros países europeos hasta finales del siglo XVIII. - Se inventaron una serie de máquinas capaces de producir más rápidamente que los artesanos, rapidez que el comerciante inglés necesitaba por razones de demanda. En 1769, James Watt patentó una máquina movida por vapor que iba a acoplarse enseguida a los arados, telares y husos. Ya no se trabajaría en los hogares sino en la fábrica, local donde se concentraban máquinas y hombres. Con la utilización de la máquina se produjo mayor cantidad de mercadería en menor tiempo y a más bajo costo, y cambiaron las formas de trabajo. - Se desarrolló la minería del hierro y del carbón. En las proximidades de las minas de carbón se concentró gran parte del potencial industrial británico, en especial, con el nacimiento de una fuerte industria siderúrgica básica para proporcionar metales baratos para la construcción de máquinas, ferrocarriles, infraestructuras. - Se construyeron canales que redujeron enormemente el precio del transporte y su estacionalidad, pues al contrario que los caminos, intransitables durante los largos periodos de mal tiempo, los canales se encontraban útiles casi todo el año. - Los británicos se hicieron del control de buena parte de los intercambios comerciales de otros continentes con Europa -luego de competir con la marina mercante holandesa- esto produjo abundancia de capitales procedentes, en parte, de ese dominio comercial británico. El comercio colonial proporcionaba además, materias primas y mercados donde vender sus productos manufacturados. - Los cambios en la agricultura -revolución agraria-, lograron superar la tradicional orientación hacia el autoconsumo, para producir excedentes comercializables que permitieron el crecimiento de la población. Parte de esa población emigró a las ciudades y pasó a formar la masa de los trabajadores industriales. - El gobierno ofreció su apoyo sistemático al comerciante y al manufacturero y determinados incentivos para la innovación técnica y el desarrollo de las industrias de base. La sociedad industrial sentó las bases del sistema capitalista, basado en una economía monetaria y el trabajo asalariado. La riqueza ya no fue sólo la inmueble (las tierras), sino mueble: el dinero y las mercancías, que eran las propiedades de la burguesía. Las ciudades inglesas crecieron y se modernizaron, pero alrededor de ellas se extendieron suburbios de pobreza. España Al comenzar el siglo XVIII y como consecuencia de la guerra de sucesión, ascendió al trono español la dinastía de los Borbones. Habían heredado un imperio ultramarino con un dilatado territorio, una complicada estructura económica, una administración burocrática y una compleja organización social. La nueva política buscó superar los males económicos y el desorden administrativo heredado. Los reyes borbónicos contaron con la colaboración de funcionarios imbuidos en las corrientes políticas y económicas de la época. En 1733, se firmó el Pacto de Familia, que ligaba a los Borbones españoles con los franceses y obligaba a España a intervenir en distintos conflictos europeos. Carlos III, partidario de las ideas de la Ilustración, encaró importantes reformas. Todo para el pueblo, pero sin el pueblo; es decir, gobernar en beneficio del pueblo, pero sin la participación de éste en las decisiones y en los resortes de poder, fue el lema de las monarquías ilustradas. Influido por las ideas fisiocráticas, según las cuales la agricultura era el único sector genuinamente productivo de la economía, capaz de generar el excedente del cual dependía todo lo demás, se realizaron mejoras en el sector agrario, dividiendo las grandes extensiones de tierra que se encontraban improductivas y entregándolas a los labradores. Para los fisiócratas, el gobierno no debía interferir en los asuntos económicos más allá de lo imprescindible, para proteger la vida, la propiedad y la libertad de contratación, adherían al librecambismo. Sintetizaban esta postura en la frase laissez faire, laissez passer, que significaba libertad para la actividad comercial en el interior del Estado y comercio exterior libre, sin trabas. En España, en consonancia con estas propuestas, se mejoraron las vías de comunicación y los servicios de transporte. En pocos años la producción manufacturera y el comercio se triplicaron y la población creció notablemente. En relación a la política con las colonias americanas, se evaluó que para ejercer un gobierno efectivo sobre un territorio tan extenso, era necesario reestructurar la administración. Se crearon así nuevas capitanías generales y virreinatos, entre ellos el del Río de Plata (1776) que dependía hasta ese momento, del virreinato del Perú. Con el fin de incrementar el comercio con las colonias, se dictó en 1778 el Reglamento de Libre Comercio que abrió más puertos en España y las colonias; entre ellos, el puerto de Buenos Aires. Además de mejorar el abastecimiento de las colonias, la finalidad fue la de reducir el comercio ilegal del que usufructuaban franceses, portugueses, holandeses e ingleses en las zonas del Caribe y el Río de la Plata. Entre 1788 y 1808, Carlos IV gobernó España. Su reinado se inició con pocos cambios respecto al periodo anterior. En 1789, las Cortes de Castilla -reunidas a puertas cerradas- reconocieron como heredero al futuro Fernando VII con sólo cinco años de edad. Cuando asumió Godoy como ministro de Carlos IV, inició una serie de importantes cambios. En política exterior, firmó el Tratado de San Ildefonso, en 1796, que era una alianza defensiva y ofensiva contra Gran Bretaña y que colocaba a España como satélite de Francia. Ese pacto llevó a que los aliados brindaran su apoyo a los nacientes Estados Unidos cuando se independizaron de la metrópoli británica. La declaración de guerra de los aliados a Gran Bretaña (1796-1797) llevó a esta última potencia a concentrar su flota en el Atlántico. A España no le fue muy bien debido a la derrota naval en el cabo de San Vicente (1797) y la pérdida de Trinidad, en América. También, los británicos bloquearon el puerto de Cádiz y atacaron barcos españoles. Así, las comunicaciones con las colonias americanas quedaron cortadas: las relaciones comerciales fueron perturbadas; se aflojaron los vínculos entre la metrópoli y los dominios y se retrasó la llegada de las riquezas coloniales. El reino de España se vio obligado a permitir que los barcos neutrales comerciaran directamente con el imperio español. En 1801, Napoleón impuso a Carlos IV entrar en guerra contra el aliado histórico de Inglaterra. En la Guerra de las Naranjas contra Portugal los españoles vencieron y Godoy capitalizó la hazaña siendo nombrado generalísimo. Francia e Inglaterra firmaron la paz de Amiens (1802). Esta paz fue sólo una breve tregua, ya que los aliados se dispusieron a arrebatar a Gran Bretaña su supremacía marítima. El 21 de octubre de 1805, los franceses y sus aliados españoles fueron vencidos por la flota británica comandada por el almirante Nelson, frente al cabo de Trafalgar; terminando así con las esperanzas de Napoleón de ejercer su poderío los mares e invadir las Islas Británicas. Gran Bretaña dominaba los mares, bloqueaba los puertos franceses y cortaba las comunicaciones con las colonias. En respuesta a esta situación, Napoleón planeó y puso en marcha el bloqueo económico: todo tráfico comercial con los británicos estaba prohibido en los puertos franceses y de los Estados vasallos. El bloqueo provocó en Europa gran descontento. Muchos países interesados en el comercio con Inglaterra se vieron perjudicados por estas disposiciones. Como respuesta, se recurrió al contrabando, aunque como se lo reprimía, generó nuevos odios contra la dominación económica y determinó una constante política de represión y anexiones en el continente, ya que todo aquel que desobedecía el bloqueo, era invadido por las tropas napoléonicas. El bloqueo continental obligó a los ingleses a buscar nuevos mercados en las colonias ultramarinas. Guerra expansiva y comercio estaban estrechamente vinculadas para los ingleses. El primer ministro William Pitt, planteaba a sus compatriotas que “Cuando se trata del comercio, desde vuestra última línea de defensa, desde vuestra última trinchera, debéis defenderlo o perecer”. Extraído de: Sierra, Vicente. Historia de la Argentina. Fin del régimen virreinal e instalación de la Junta de Mayo de 1810, Buenos Aires, Unión de Editores Latinos, p. 82. Así, en 1806 y 1807, los británicos dirigieron su flota hacia Buenos Aires intentando, sin éxito, apoderarse de la capital del virreinato. Pero el interés hacia el Río de la Plata no era cosa nueva, desde tiempo atrás hubo planes de invasión que el gobierno español conoció gracias al trabajo de sus espías en Londres. Esta información le permitió alertar a los virreyes para que preparen la defensa de Montevideo y Buenos Aires ante una posible expedición militar inglesa. Dado que Portugal seguía constituyendo un lugar por el cual las mercancías inglesas penetraban en Europa, Napoleón decidió apoderarse de toda la Península Ibérica. Godoy, que mantenía conversaciones secretas con Napoleón, se vio forzado a firmar un convenio sobre la guerra conjunta contra Portugal –el Tratado de Fontanebleau-; que permitía a las tropas francesas atravesar el territorio español en su tránsito hacia Portugal. Este país quedaría dividido en tres partes, una de las cuales, el principado del Algarbes sería adjudicado a Godoy. Portugal fue ocupado por las tropas franco-españolas. Nada justificaba la presencia de tropas francesas en España, pero continuaban allí. En marzo de 1808, ante la evidencia de la ocupación francesa, Godoy aconsejó a los reyes que se trasladaran a Aranjuez y desde allí iniciaran su huída de España. Se produjo entonces el Motín de Aranjuez, levantamiento popular contra los reyes, aprovechando su presencia en el palacio de la localidad. Carlos IV, ante el cariz de los acontecimientos, abdicó a favor de su hijo Fernando VII. Esto significaba la caída del impopular ministro Godoy. Napoleón, receloso ante el cambio de monarca, convocó a la familia real española en Bayona. Fernando VII, bajo la presión del Emperador, devolvió la Corona a Carlos IV y éste se la entregó a Napoleón que designó nuevo rey de España a su hermano José. El 2 de mayo de 1808, la población española inició la guerra de independencia contra la presencia francesa en España. Este movimiento fue perseguido y reprimido por las milicias bonapartistas. Preso el rey, la población organizó el poder político en juntas provisionales que se fijaron la responsabilidad de salvaguardar la soberanía en ausencia del monarca legítimo Fernando VII. Esas juntas, casi sin proponérselo, fueron poniendo en práctica los principios de la ilustración francesa y, en 1812, sancionaron una Constitución que reconoció la soberanía popular y estableció el sufragio, la división de poderes, la libertad de imprenta, abolió la inquisición, acordó el reparto de tierras, la libertad de industria, la propiedad privada, los derechos civiles. Surgía en España una monarquía constitucional.